El orgullo de ser colimote

En los últimos años hemos ido olvidando de lo que significa ser colimote.  Las bellezas naturales, la cultura, la gastronomía, la artesanía y sobre todo, la calidez, honradez, sencillez y amabilidad de la gente trabajadora de Colima, que a fin de cuentas es la verdadera joya del pueblo colimote.

Las razones por esa caída son varías.  Hay millones de palabras sobre este tema plasmadas en los medios de comunicación. Las palabras no han solucionado nada porque mantienen la mirada fija sobre el problema. El horror de la auto-expulsión de “Eden”.  No vamos a perder el precioso tiempo escribiendo más palabras inútiles sobre las causas, los responsables.

En una situación de peligro vial hay que ver donde quieres ir para evitar el choque. Si mantienes los ojos fijos con horror a la niña que salió en frente de tu vehículo seguro la vas atropellar.  El tiempo se va y no queremos desperdiciar ni un segundo más. El hombre más rico del mundo no puede comprar ni un segundo más de vida. Mantendremos los ojos puestos en donde queremos ir, no en lo que queremos evitar.

Es como estamos dormidos y olvidamos quien somos, para que somos, donde estamos, a cual pueblo pertenecemos y a donde queremos ir. Aquí trataremos de despertar a la gente buena de Colima de su pesadilla con la rica realidad de su tierra y la gentileza de su prójimo. 

Estamos en el mismo barco. Si no vayamos todos como un pueblo unido hacía adelante, a la recuperación del sueño Colimote, hundiremos juntos, seguirá la destrucción del tejido social.  Ocupamos todos de todos. Elegimos caminar juntos, en beneficio del tesoro más importante que tenemos, nuestros hijos.

Aquí trataremos de despertar a la gente buena de Colima.  Es como dormimos y olvidemos quien somos, para que somos, donde estamos y donde queremos ir.   De algo estamos seguro.  O que vayamos todos como un pueblo hacía adelante, a la recuperación de la grandeza colimote, o vayamos todos al fracaso, al perdida del tejido social. Elegimos caminar juntos, en beneficio del tesoro más importante que tenemos, nuestros hijos. 

Dicen que el niño que tiene una guitarra en sus manos nunca levantará un arma. Tenemos que fabricar y regalar muchas guitarras.

En este pequeño espacio de la red mundial, en los meses y si Dios nos permite, años que vienen, vamos a poner nuestro grano de arena para despertar la memoria y el espíritu de los colimotes, para que juntos recobremos la alegría, la paz y el orgullo de pertenecer a la “Gran Familia Colimense”.

¿Va?